Azucena Villaflor
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| Azucena Villaflor |
Azucena Villaflor de De Vincenti (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 7 de abril de 1924 – desaparecida, 10 de diciembre de 1977)[1] fue una activista social argentina, una de las fundadoras[2] de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo, dedicada a buscar a los desaparecidos durante el terrorismo de Estado
en Argentina.
Procedía de una familia de clase obrera.
El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después del
comienzo de la dictadura militar que se autodenominó «Proceso de
Reorganización Nacional», fueron secuestrados uno de los hijos de
Azucena Villaflor, Néstor De Vincenti (quien formó parte desde 1971 del grupo
guerrillero Fuerzas Armadas
Revolucionarias[4] y para la época de su
secuestro integraba la Columna Sur de Montoneros)[5] y la novia de este, Raquel Mangin.[6] Villaflor inició su
búsqueda, dirigiéndose al Ministerio de Interior, e intentando recabar la ayuda
del vicario militar Adolfo Tortolo (aunque solo consiguió
hablar con su secretario, Emilio Grasselli). Durante estas gestiones, conoció a
otras mujeres que estaban buscando también a parientes desaparecidos.
Tras seis meses de infructuosas pesquisas, Villaflor,
junto a otras personas en su misma situación —que se fueron conociendo en la
búsqueda de sus familiares— decidieron iniciar una serie de manifestaciones
para dar publicidad a su caso. El 30 de abril de 1977 ella y otras trece madres
se manifestaron en la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires,
enfrente de la sede del gobierno, la Casa
Rosada. Ante la orden militar de no detenerse ni «agruparse», sino
«circular», decidieron caminar alrededor de la plaza.[7] La primera marcha tuvo lugar
un sábado, y apenas tuvo repercusión; la segunda fue un jueves y desde entonces
se convirtió en costumbre realizarla todos los jueves, en torno a las tres y
media de la tarde.
El 8 de diciembre de 1977 se había programado una reunión
en la iglesia de la Santa Cruz. Alfredo Astiz, quien se había infiltrado en la
incipiente organización, haciéndose pasar por hermano de una desaparecida,
había denunciado a las que consideraba "líderes" para que fueran
secuestradas al finalizar la misa. En esa ocasión fueron secuestradas ocho
personas: Teresa Careaga y María Ponce, ambas madres de desaparecidos, la monja
francesa Alice Domon que colaboraba en la
búsqueda, Angela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio
Fondovilla, Gabriel Horane y Patricia Oviedo. Azucena Villafor era otro de los
objetivos, pero no pudo llegar a tiempo porque estaba en la casa de Emilio Mignone trabajando con la esposa
de este y otras madres para terminar un remitido con los nombres de sus hijos
desaparecidos. El día 9 de diciembre, Azucena y otras madres entregaron los
originales del remitido, el dinero y las firmas que avalaban su publicación.
El remitido fue publicado el 10 de diciembre. Esa misma
noche Azucena Villaflor fue secuestrada por un grupo armado clandestino de la
Armada en la esquina de su casa de Sarandí, en Avellaneda, Buenos Aires. La golpearon y, pese a su
resistencia, lograron introducirla en un auto. Según testimonios, fue recluida
en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de
la Armada, ESMA, donde actuaba, entre otros represores, Alfredo Astiz. La llevaron al
"altillo", el lugar en donde depositaban a los secuestrados que
mantenían más en secreto. Esa misma noche fue torturada y regresó al calabozo
sin conocimiento. A los pocos días, Azucena junto a las monjas francesas y los
demás secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz fueron
"trasladados" al aeropuerto militar que se encuentra en el extremo
sur del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, subidos sedados a un avión de
la Marina y arrojados vivas al mar frente a la costa de Santa Teresita,
muriendo al chocar contra el agua.[
Documentos secretos del gobierno de los Estados Unidos desclasificados en 2002 prueban que el
gobierno estadounidense sabía desde 1978 que los cuerpos sin vida de las monjas
francesas Alice Domon y Léonie Duquet y las madres de Plaza de Mayo Azucena
Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce, habían sido encontradas en las
playas bonaerenses. Esta información fue mantenida en secreto y nunca fue
comunicada a los gobiernos argentinos.

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