Madres de Plaza de Mayo
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| Solar de la Memoria en la Iglesia de la Santa Cruz, donde se encuentran los restos de Azucena Villaflor, juntos a los de María Ponce, Esther Ballestrino y Léonie Duquet. |
El movimiento Madres
de Plaza de Mayo es un referente internacional de resistencia pacífica y
derechos humanos. Nació en Argentina durante la última dictadura militar
(1976-1983) como respuesta al secuestro y desaparición forzada de miles de
jóvenes.
Lo que empezó
como la búsqueda angustiada e individual de un grupo de mujeres en despachos
oficiales se convirtió en un movimiento político y social transformador.
El origen: «Circulen, señoras»
El 30 de
abril de 1977, catorce mujeres —encabezadas por Azucena Villaflor—
se reunieron por primera vez en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la
Casa Rosada (sede del gobierno nacional). Reclamaban saber dónde estaban sus
hijos e hijas.
Debido a que el
estado de sitio prohibía las reuniones de más de tres personas en la vía
pública, la policía les ordenó dispersarse y les dijo: «Circulen, señoras».
Ellas respondieron tomándose del brazo y caminando en parejas alrededor de la
Pirámide de Mayo. Así nacieron las históricas rondas de los jueves a las
15:30 horas, una tradición que mantuvieron durante décadas.
Símbolos y resistencia
·
El pañuelo blanco: En octubre de
1977, durante una peregrinación religiosa a Luján, las madres decidieron
ponerse en la cabeza los pañales de tela que habían usado sus hijos de bebés
para poder identificarse entre la multitud. Con el tiempo, la tela de pañuela
se convirtió en el famoso pañuelo blanco cosido con el nombre de sus hijos,
emblema global de lucha por la justicia.
·
«Las Locas de Plaza de Mayo»: La dictadura
intentó descalificarlas mediáticamente tildándolas de «locas», pensando que el
trato condescendiente las desactivaría. Sin embargo, su estatus de amas de casa
y madres les dio un escudo moral frente a la sociedad que los militares no
supieron frenar a tiempo.
La represión violenta
El régimen no
tardó en actuar con brutalidad contra ellas. Entre el 8 y el 10 de diciembre de
1977, el militar infiel Alfredo Astiz (quien se había infiltrado en el
grupo haciéndose pasar por hermano de un desaparecido) coordinó el secuestro de
doce personas vinculadas a la Iglesia de Santa Cruz.
Entre las
víctimas cayeron tres fundadoras clave: Azucena Villaflor, Esther
Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, además de las monjas
francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Todas fueron torturadas en la ESMA y
arrojadas al mar en los «vuelos de la muerte». Pese al duro golpe, las demás
madres no abandonaron la plaza.
La escisión en democracia
Con el retorno
de la democracia en 1983 y el posterior Juicio a las Juntas, surgieron
desavenencias tácticas e ideológicas profundas sobre cómo continuar la lucha.
Esto llevó a que en 1986 el movimiento se dividiera en dos agrupaciones:
1.
Madres de Plaza de Mayo
(Asociación): Encabezada históricamente por Hebe de Bonafini.
Adoptó una postura más combativa e ideológica, asumiendo las banderas políticas
de sus hijos desaparecidos. Rechazaron las indemnizaciones económicas del Estado
y las exhumaciones si no había juicio penal previo.
2.
Madres de Plaza de Mayo - Línea
Fundadora: Integrada por figuras como Nora Cortiñas y Marta
Vásquez. Se enfocado principalmente en la búsqueda de la verdad individual,
la recuperación e identificación de los restos mediante el Equipo Argentino de
Antropología Forense y la vía judicial de los derechos humanos.
El legado y las Abuelas de Plaza de Mayo
Del tronco
común de las Madres surgió también Abuelas de Plaza de Mayo, liderada
por Estela de Carlotto, enfocada específicamente en la localización y
restitución de la identidad de los niños y niñas secuestrados junto a sus
padres o nacidos en centros clandestinos de detención.
El movimiento
de las Madres de Plaza de Mayo transformó el dolor individual e inmensurable en
una fuerza política colectiva, dejando como legado un lema grabado en la
memoria del país: «Aparición con vida, juicio y castigo a los culpables».

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