Matylda Getter

 


La Madre Matylda Getter (1870-1968) fue una religiosa polaca, superiora provincial de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Familia de María. Durante la Segunda Guerra Mundial lideró una infraestructura logística que salvó la vida de más de 500 niños judíos y alrededor de 200 adultos en la Polonia ocupada por los nazis.

Matylda Getter

Su labor destaca por el enorme peligro que implicaba: en la Polonia ocupada por el III Reich, la ley dictaba la pena de muerte inmediata no solo para quien ocultara a un judío, sino para toda la comunidad o familia implicada.

La máxima: «Salvar a quien llame a la puerta»

Cuando comenzó la ocupación germana y la persecución sistemática contra la población judía, la Madre Getter emitió una directiva firme a todas las casas y conventos bajo su jurisdicción: no se rechazaría a ningún niño que buscara refugio.

Se le atribuye una frase que sirvió como mandato ético para las más de cien casas de su orden:

«Cualquiera que venga a nuestro patio y pida ayuda, en nombre de Cristo, no debemos rechazarlo».

La logística de la red de rescate

El rescate y ocultamiento de cientos de niños requirió una compleja red coordinada en varios niveles:

  1. Evasión del Gueto de Varsovia: La congregación colaboró activamente con el movimiento de resistencia polaco y con Żegota (el Consejo de Ayuda a los Judíos). Niños judíos eran sacados clandestinamente del Gueto de Varsovia a través de alcantarillas, ambulancias, furgones de suministros o pasajes secretos.

  2. Identidades falsas y registros parroquiales: Con el apoyo de sacerdotes aliados, a cada niño se le proporcionaba un certificado de bautismo falso, un nombre polaco católico y un expediente familiar inventado (habitualmente presentándolos como huérfanos de guerra polacos).

  3. Red de distribución geográfica: Para evitar sospechas si una casa era inspeccionada, la Madre Getter distribuyó a los niños en más de 90 establecimientos de la orden (orfanatos, colegios, conventos rurales y sanatorios) repartidos por toda Polonia, desde Varsovia hasta provincias rurales.

  4. Instrucción en vida diaria y costumbres: Las religiosas enseñaban a los niños las oraciones católicas, las costumbres locales y la pronunciación polaca para que pudieran pasar inadvertidos en caso de registros sorpresivos de la Gestapo.

  5. Red de silencio y complicidad: A pesar de que decenas de monjas y empleados laicos conocían el origen de los niños, no hubo ni una sola delación. En varias ocasiones, ante inspecciones nazis en los orfanatos, las hermanas escondieron a los niños con rasgos marcadamente semíticos en sótanos o salas secretas mientras mostraban el resto de las instalaciones.


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