Maura Clarke, Ita Ford, Dorothy Kazel y Jean Donovan

 


Maura Clarke, Ita Ford, Dorothy Kazel y Jean Donovan


En diciembre de 1980, en pleno estallido de la guerra civil en El Salvador y pocos meses después del asesinato de Monseñor Óscar Romero, tres religiosas de la orden Maryknoll y una misionera laica estadounidense fueron emboscadas, violadas y ejecutadas por miembros de la Guardia Nacional salvadoreña.

Trabajaban en zonas rurales facilitando alimentos, refugio y atención médica a familias atrapadas en el conflicto. Se quedaron en el país a sabiendas del enorme riesgo que corrían porque, como escribió Ita Ford poco antes de morir, no podían «abandonar a un pueblo que está siendo masacrado».

Las cuatro misioneras estadounidenses —tres religiosas y una laica— se convirtieron en un símbolo trágico de la violencia contra quienes defendían los derechos humanos durante la guerra civil salvadoreña. Sus asesinatos el 2 de diciembre de 1980 provocaron una profunda crisis política y diplomática entre Estados Unidos y el régimen militar de El Salvador.


Quiénes eran cada una de ellas


·        Maura Clarke (1931): Religiosa de las Hermanas Maryknoll, nacida en Queens, Nueva York. Antes de llegar a El Salvador en 1980, había trabajado durante 17 años en Nicaragua, donde vivió el devastador terremoto de Managua en 1972 y el ascenso de la violencia bajo la dictadura de Somoza. Tenía una profunda vocación de escucha y apoyo en comunidades golpeadas por la pobreza.

·        Ita Ford (1940): Religiosa Maryknoll de Brooklyn. Trabajó primero en Chile en comunidades desfavorecidas durante los primeros años de la dictadura de Pinochet. Llegó a El Salvador en abril de 1980, pocas semanas después del asesinato del arzobispo Óscar Romero. Ita era una mujer menuda, sumamente decidida y articulada; amiga cercana de Romero antes de su muerte.

·        Dorothy Kazel (1939): Religiosa Ursulina nacida en Cleveland, Ohio. Trabajó en la diócesis de Chalatenango en programas de alfabetización, distribución de alimentos y apoyo a desplazados por la violencia política. Sus cartas a su familia reflejan el constante clima de terror que se vivía en las zonas rurales.

·        Jean Donovan (1953): Misionera laica de 27 años, también de Cleveland. Tenía una prometedora carrera en contabilidad financiera en una gran firma corporativa, pero decidió dejarlo todo para unirse a la misión en El Salvador. Conducía la camioneta del equipo, rescataba niños huérfanos y transportaba suministros médicos. Sus compañeros la recordaban por su sentido del humor y su energía desbordante.

El crimen del 2 de diciembre de 1980

En el otoño de 1980, la represión de la junta militar salvadoreña contra las organizaciones campesinas e iglesias locales se había intensificado drásticamente. Cualquier ayuda alimentaria o médica a campesinos era catalogada por las fuerzas de seguridad como «colaboración con la guerrilla».

El 2 de diciembre, Dorothy Kazel y Jean Donovan condujeron hasta el aeropuerto internacional de San Salvador para recoger a Ita Ford y Maura Clarke, que regresaban de una conferencia de la orden Maryknoll en Nicaragua.

A la salida del aeropuerto, la camioneta en la que viajaban fue interceptada por un grupo de cinco miembros de la Guardia Nacional salvadoreña vestidos de paisano. Las obligaron a conducir a un lugar aislado en la zona de Santiago Nonualco. Allí las cuatro fueron violadas y ejecutadas a quemarropa en la cabeza. Sus cuerpos fueron enterrados en una fosa común improvisada por campesinos locales, quienes alertaron a las autoridades eclesiásticas al día siguiente.

El escándalo diplomático y el encubrimiento

El crimen causó un impacto devastador en Estados Unidos. El presidente Jimmy Carter suspendió temporalmente la ayuda militar al régimen salvadoreño exigiendo una investigación.

Sin embargo, sectores de la administración estadounidense intentaron restarle gravedad. El embajador estadounidense en El Salvador, Robert White, se negó a participar en un encubrimiento y presenció la exhumación de los cuerpos, afirmando públicamente: «Esta vez las fuerzas de seguridad no se saldrán con la suya». Pocas semanas después, con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1981, el Secretario de Estado Alexander Haig llegó a sugerir en una comparecencia ante el Congreso que las mujeres podrían haber «intentado saltarse un control de carretera» o haberse visto envueltas en un intercambio de disparos, algo que fue desmentido categóricamente por las pruebas forenses.

El juicio y las condenas

En 1984, tras una intensa presión del Congreso de EE. UU., cinco guardias nacionales fueron juzgados y condenados a 30 años de prisión en El Salvador. Fue la primera vez en la historia del país que miembros de las fuerzas de seguridad eran condenados por juzgados locales por crímenes cometidos contra civiles.

Sin embargo, los altos mandos militares que ordenaron la operación y el posterior encubrimiento —como el Ministro de Defensa Carlos Eugenio Vides Casanova— eludieron la justicia salvadoreña durante décadas, aunque años más tarde enfrentaron procesos de deportación e investigaciones civiles en EE. UU.


Fuente : Gemini

 


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